Saturday, July 14, 2007

Querido sr. S:

Escribo hoy para pedirte ayuda, que sé que me concederás porque quién te la pide es un amigo y porque te servirá para saciar tu curiosidad, la cual despertaré con el relato que sigue.
Hace dos semanas, más o menos, llegué un día tarde al trabajo por la visita de un inspector de policía. Muy pronto por la mañana, habiéndome apenas vestido y sin haber desayunado, llamaron a la puerta un hombre uniformado con cara de sueño y un señor sin uniforme pero con placa también. Muy amablemente me rogaron estos señores si podían hablar conmigo y con todo aquel que viviese en el piso, eso sin disculparse por la temprana hora. Muy amablemente les ofrecí un café que rehusaron y les respondí que justo aquellos días estaba yo solo en la casa, aunque habitualmente solía haber una persona más.


Insistió el inspector (sin uniforme) en que no se trataba de ningún interrogatorio, sino de una simple y rutinaria “recopilación de información” relacionada con mi vecino. Les dije que ni tan siquiera sabía que teníamos vecino, siempre creímos que el piso de al lado estaba vacío. Al parecer un tal V., de unos veintipocos años de edad, vivía pared con pared con nosotros hasta que desapareció dos semanas atrás, siendo este el asunto que la policía deseaba tratar. En ese caso, como está claro, la ayuda que yo pudiera ofrecer era ninguna. Aun así, quizás por compromiso, el inspector charló un poco conmigo mientras que el agente de uniforme se mordía las uñas. Esto fue lo que provocó mi retraso en el trabajo pero valió la pena.
V., al parecer, hizo un viaje de tres días a Al-Haram, en Egipto, del cual, según la compañía aérea, regresó. Y entonces desapareció. Quizás en el aeropuerto, no está muy claro. Su novia denunció la desaparición pasada una semana de su regreso, tras llamar al hotel, a la embajada y a la compañía aérea dónde le aseguraron que V. había tomado el avión de regreso. No había noticia alguna de su equipaje. La teoría de ella (la novia) es que V. sigue en Al-Haram y que alguien tomó en su lugar el vuelo de regreso. “Tonterias” según el inspector. A mi no me parece tan descabellado aunque, no obstante, la explicación más simple es que desapareciera una vez hubiera regresado. Se despidió el inspector concertando una “casi segura entrevista para la semana que viene” que nunca tuvo lugar.
Con quién sí tuve una entrevista fue con los padres de V. quienes, sospechosos de cierto escepticismo y pasividad policial, decidieron “recopilar información” por ellos mismos. Unos señores ya mayores, muy formales, muy atentos y comprensivos incluso en la situación que estaban viviendo. Sin poderles dar yo nada me agradecieron con insistencia que, como mínimo, les hubiese atendido. De ellos saqué que V. era dependiente en una ferretería, aunque había estudiado en la universidad, creo que Geografía. Que le gustaba mucho la música y tenía especial interés por la historia, en concreto, la Baja Edad Media. Era militante del Partido Comunista, como su padre. Había ido a una especie de encuentro, allá en Al-Haram, relacionado con el Partido. No hubo forma de localizar a los organizadores.
Sin que yo me sorprendiera demasiado, pasados unos días, acudió también la novia de V., una chica bastante guapa. El motivo de su visita era idéntico al de las dos últimas entrevistas aquí descritas, cosa que en la presente mencioné por su evidente relevancia. La novia de V. se alteró bastante al oír que los padres fueron los segundos visitantes, pues, según afirmó con seguridad, estos, en realidad, habían muerto años atrás en un accidente de coche. De viaje por Bulgaria, creo. A partir de este punto la chica, más que preguntarme por V., de quién yo poca información podía dar, lo hizo sobre la visita de los supuestos padres. Les describí a ellos y el desarrollo del encuentro. Ella negaba con la cabeza sin parar. Según me dijo, casi todo en cuanto aquellos señores habían dicho sobre V. era mentira, salvo que era militante del Partido Comunista (como lo fue su padre en vida) y que tenía afición por la música, pero no demasiada. Su novio en realidad era cocinero, y nunca había estado en la universidad. Tampoco había ninguna reunión en Al-Haram, V. había ido a ver a un amigo, P. (que ella también conocía y con quien también tenía amistad) y para visitar el país pues, en lugar de interesarse por la Edad media, su interés en la historia recaía realmente en el Antiguo Egipto. A P. lo llamó hacía más de una semana pero este aseguró no saber nada del paradero de su novio, ni tan solo haber hablado con él en los últimos tres meses. Es más, desde hacía varias semanas ya no vivía en Al-Haram, sino que se había trasladado a Abu Halab.
La chica supuso que los “padres” estaban relacionados con quién fuera (quizás ellos mismos) que se hizo pasar por V. en su viaje de vuelta y responsables de su desaparición. Puse en duda la suplantación en el avión a lo que ella no veía otra posibilidad ya que, según me contó, ella esperó en el aeropuerto ante la única puerta de salida hasta que el avión quedó vacío. También puse en duda que ella fuese quien decía ser, pues tanto podían mentirme los señores de la anterior entrevista como ella misma. Se echó a reír pero se detuvo en seco y mirando al suelo reconoció que mi duda era razonable. Me mostró una foto de los dos, que podría ser falsa, pero que me permitió poner rostro (aunque no fuese verdadero) a V. No muy alto, con el pelo corto, de ojos azules (como lo fueron los míos), boca pequeña y labios finos, joven pero con cara cansada. Muy delgado. Mientras miraba la foto, ella, más pensando en voz alta que hablando conmigo, planteaba la posibilidad de que la desaparición tuviera algo que ver con el Partido Comunista, por ser lo único verdadero mencionado por “sus suegros”. Luego mencionó algo más sobre egiptología pero su discurso se oscurecía hacia el monologo interior y yo me perdí.
Al final me dio su teléfono y dio gracias tanto como disculpas. Cuando se marchó, sin mucha reflexión, decidí que creería su versión.


Esta mañana ha llegado N. Se lo he contado todo y le he advertido de una poco probable visita de la policía para hablar con él. Se ha reído un buen rato y luego me ha dicho que en una ocasión habló con V. (dice que creía habérmelo contado). Al parecer, hacía unos meses, llamó un día a nuestra puerta para preguntar sí nos habían cortado el agua, ya que a él, al parecer, sí. N. lo comprobó y le dijo que sí (hubo una avería en el edificio) y entonces le regaló una botella por si le entraba sed. Y eso es todo. Luego me ha contado que solía oírle a través de la pared de su habitación, que debía comunicar con el salón de la otra casa. Se oían “curiosas reuniones” en las que normalmente, al principio, se escuchaba una única voz soltando frases cortas entre largos silencios. Luego esa misma voz hacía una especie de recitado que otras voces repetían a coro. Finalmente, todas las voces a cantaban un poco y luego hablaban normal. Todo muy serio, nada de risas. N. no entendía nada de lo que decían, quizás porque hablaban en otro idioma o quizás no. Él solo ve dos explicaciones: que fueran mormones e hicieran sus rezos y cantos o que dieran clases de idiomas.
Llegando al final de la carta, despertada tu curiosidad, te pido ayuda. Yo sé, aunque tú no sabes cómo, que tienes un amigo en la embajada de Egipto, la relación con el cual procuras mantener oculta (ya lo sabes, soy una tumba). En todo caso te pido (y sé que lo harás) que hagas una llamada a tu amigo y preguntes por V. Aquello que no estoy tan seguro que hagas es escribir una respuesta a esta carta con las respuestas de tu amigo; y es en ello en lo que entra en juego tu altruismo dejando de lado la simple satisfacción personal que supone saciar la curiosidad.

No te olvida, R

Tuesday, June 12, 2007

Las cosas que van bien

-¿Cómo va todo?¿Sigues escribiendo?
-Pues no últimamente… No mucho. Aunque tengo algunas ideas. Sí, algo está rondando por mi cabeza. Algo nuevo. Se trata de algo extenso, quizás una novela. O una novela corta. Trata de un escritor que se ha quedado sin ideas y que comienza ha experimentar un importante cambio en su vida. Posiblemente a raíz de conocer un nuevo amor. Todo ello le llevará a recuperar la inspiración.
-¿La inspiración?
-Sí, sí, la inspiración. Va muy unida al amor. Y a los cambios vitales. Creo que puede salir una buena historia.
-Parece original.
-Sí.
-No, no, en serio. No es original, es una mierda… Es que pareces tonto, la verdad. ¿Qué es eso de la inspiración y el amor y esas cosas? Que te lo digo en serio, ¿eh? Que no me estoy quedando contigo. Es que no sé qué coño les pasa a los escritores que ya no saben hablar más que de escritores. Siempre la misma historia, la misma mierda. Yo no sé ni porqué estoy perdiendo el tiempo hablando aquí contigo, cacho idiota.

Y entonces me marché.

Saturday, June 02, 2007

Agua cerrada

Se suele rehusar el uso de los servicios públicos por su habitual mal estado, su inevitable suciedad y su previsible mal olor. 
En cuanto al olor a mierda, no resulta tan terrible teniendo en cuenta su previsibilidad. Peor es encontrarse un olor de origen desconocido, que nos coja desprevenidos y que despierte nuestra imaginación.


Friday, May 11, 2007

L. pasando calor


A L. le dolía la cabeza y tenía calor. Despertó con la incomodidad de las sábanas pegadas a su cuerpo sudado. Las apartó y durante un rato intentó dormirse de nuevo. No lo consiguió, el cubrecama seguía pegándose a la piel. Se levantó al fin para ir al lavabo y echarse agua en la cara. Como aquello la alivió ligeramente decidió ducharse. Uno minutos bajo el agua fría que ahuyentaron temporalmente la sensación de calor, pero no el dolor de cabeza. Pensó que necesitaba un café, pero la bebida caliente no la atraía. Y el café con hielo le daba asco.
Secándose con la toalla recuperó el calor, y su cuerpo comenzó a sudar de nuevo. Decidió salir de la casa e ir a buscar a M. ¿Por qué? No lo sabía, tan solo tenía la necesidad de encontrarse con él. Quizás tenía que ver con el calor.
Al salir a la calle su vista emblanqueció, sus ojos se cerraron y experimentó un dolor punzante en la frente. Se puso las gafas de sol y tardó unos segundos en acostumbrarse a la luz. En estos segundos percibió también el olor del calor, ese hedor espeso en el aire. Cuando comenzó a caminar el aire produjo sensación de frescor sobre su húmeda piel. Pensó en acercarse al trabajo de M. caminando, pues resultaba más agradable que usar el autobús que, aunque provisto de aire acondicionado, el calor humano que en él se concentra alimenta una atmósfera más asfixiante que el exterior bañado por el sol. En cualquier caso, tampoco tenía dinero o bono.
Caminó veinte minutos hasta que comenzó a dolerle más la cabeza. El sol azotaba violentamente su nuca. Se mareó.
Quedaba el metro. Subterráneo, con luz artificial, refrigerado en los vagones pero ardiente en el andén. No lo pensó mucho. Se coló en la estación más cercana y llegó al andén dónde la pantalla luminosa indicaba la llegada del próximo tren en cuatro minutos. L. deseó reventar esa pantalla de una pedrada. Un tipo gordo, que con tres botones de la camisa abiertos mostraba los pelos blancos empapados en sudor de su pecho, observó con descaro la silueta de L. dibujada en una camiseta y unos vaqueros cortos que, como sucediera con las sábanas, se le pegaban a la carne. De nuevo L. deseó lanzar una pedrada. [A pesar del sofoco, hubo un instante en que un escalofrío le recorrió el cuerpo al sentir una gruesa gota deslizarse por su espalda.]
Llegó el tren y entró en el vagón por los empujones de los que venían detrás. Se agarró a la barra metálica, tibia y resbaladiza por las manos del centenar de personas que la habían usado hasta esa hora. Intentó encontrar algún punto frío, que nadie hubiera tocado aun, en los extremos más alto y más bajo del estrecho cilindro -era un chica de estatura normal. No hubo suerte. El tipo gordo, además, se sujetaba en la misma barra y balanceaba su cuerpo simulando que el motivo de ello era la inestabilidad del vagón en marcha, aunque, de ser así, sus movimientos eran demasiado exagerados. L. pronto observó como el gordo de ese modo se esforzaba con poca discreción a rozar su cadera con la de ella. L. soltó la barra.
-Eres un cerdo, gordo cabrón. –Dijo sin exclamar. Se alejó del hombre mientras este decía, exclamando:
-¡Pero qué dices niña!¿A qué viene eso?¡Tu a mi no me insultas!
Llegando al fondo del vagón una voz la llamó por su nombre. L. encontró sonriente a alguien que conocía, R. Un tipo cejijunto, muy listo, pero, precisamente por eso, demasiado arrogante.
-¿Qué tal L.? Tienes mala cara.-Dijo.
L. se sentó a su lado e intento sin éxito esbozar una sonrisa.
-Hace mucho calor.-Respondió ella.
-Ya. –Dijo él. Bastante animado, cosa que sorprendió levemente a L. sabiendo que R. era un tipo que muy a menudo solía estar enfadado con todo y con todos, observando el devenir del mundo como quién observa a su perro refregándose en el césped. Pero era un tipo listo y costaba reprochárselo. -Bueno, ya era hora que llegara el calor, ¿no?
-No.
-Me parece que alguien viene con resaca.
-¿A sí? ¿Quién?
-¿A dónde fuisteis ayer?
-Por ahí.
-Bueno, bueno. No digo nada más.
-No, si no es eso… Lo que pasa que tengo un mal día. Y ese tío gordo no paraba de sobarme.
-La gente no sabe controlarse en verano. El sol les calienta la cabeza y se tornan todos tontos. No deberían salir de casa en verano. No se deberían tomar decisiones importantes, ¿sabes? Me refiero a lo político… y a todo, de hecho. El mundo debería cerrar en verano y hacer lo que hacen los osos en invierno. O sea: nada.
-Esta conversación me esta dando mucho calor, ¿sabes? ¿Por qué no…?
-¿Por qué no qué?
L. no respondió.
-Bueno, ¿y a dónde vas ahora? -Preguntó al poco R.
-Voy a ver a M.
-¿No está trabajando?
-Sí.
-Le llamé ayer, pero no contestaba.
-Ya. Se dejó el teléfono en casa.
-Oye, no te cabrees, pero ¿te importa quitarte las gafas de sol?
L. se palpó el rostro con un gesto casi involuntario y comprobó, sorprendida, que aun llevaba puestas las gafas. Lo había olvidado. Se las puso sobre la cabeza y advirtió el cambio de luz y cómo ahora veía mejor.
-Bueno, -continuó R.- y ¿con quién has dicho que fuiste ayer?
-No lo he dicho.
-Lo sé.
Hubo un silencio. R. Miraba fijamente a L. y ella procuraba mirar la nada aparentando desinterés. Pero al final se cansó:
-¡Bueno, vale! Ayer salimos con V. y P. Salimos y nos los pasamos de puta madre. En parte porque no hacía tanto calor.
-No sé como podéis ir con esos impresentables. Vaya par de desgraciados.
-¡Vete a la mierda, R! Siempre juzgando a la gente porque sí. Si te caen mal, te jodes; pero no me lo repitas cada vez que nos vemos.
-Te lo digo porque creo que son mala gente. Y creo que valéis más como para ir con ellos.
El rostro de L. enrojeció. Notó como los brazos sudaban de nuevo y que no podía contener la lengua:
-¡Qué te den por culo! ¿Qué coño vas a saber tú? Siempre dándole un valor a la gente, ¿qué significa eso de valemos más?¿Y quién coño eres tu para decidir con quién me conviene ir? Yo salgo con quién quiero y de no ser así no saldría contigo. A ratos voy con unos y a ratos con otros, y ya está. Siempre acaparando la gente para ti.
-Bueno, L., no es…
-Qué te den por el culo, R. Ya estoy lo bastante hecha polvo como para que vengas a calentarme la cabeza. Cómo si no hiciera suficiente calor ya… Yo me bajo en esta.
Aun faltaban un par de minutos para llegar a la siguiente estación, pero L. se puso de pié ante la puerta. Y los minutos permanecieron en silencio.
Y llegó el tren a la estación. L. soltó un fugaz adiós y se adentró de nuevo en una irrespirable atmósfera de calor sofocante. Se apresuró en salir al exterior del metro esperando encontrarse un cambio de temperatura suficientemente notable, hasta el punto que indujera a creer que al aire libre no se estaba tan mal. El cambio no fue tan sensible como ella esperaba y además allí afuera estaba el sol radiando con fuerza sobre el asfalto. Se disgustó, pero situó las gafas de sol ante sus ojos y comenzó a caminar, recuperando levemente el frescor del aire sobre su piel sudada.
Caminó diez minutos hasta alcanzar el lugar de trabajo de M., una tienda de instalación de antenas parabólicas. Cuando entró en el local y se detuvo ante el mostrador, experimentó en pocos segundos un sofoco de calor. Ya no estaba húmeda, sino mojada, empapada en sudor. Notó como se le enrojecían la mejillas y la vista se le nublaba ligeramente. Dos tipos cuarentones, hermanos seguramente (por semejanzas de cuerpo y gestos), la miraron interrogativamente imaginando, lo más seguro, que no se trataba de una clienta. L., antes de hablar, desplazó las gafas de sol sobre su cabeza.
-Busco a M.
-Está en el almacén. –Contestó automáticamente uno de los hombres. Apareció en ese momento, desde la trastienda, un chico joven, regordete, que miró sonriente a L.
-Hola, L. –Dijo con la confianza de los que se conocen y son amigos. A L. le sonaba aquel chaval. De vista. Era compañero de trabajo de M., claro.- ¿Buscas a M.? Está en el almacén. Es el otro local, el del final de la calle.
-Anda, acompáñala. –Dijo unos de los hermanos. Según entendió L., para quitársela de encima.
El chico dijo a L. que le siguiera. Ella lo hizo recolocándose las gafas y despidiéndose de los dos hombres con un inaudible adiós. En la calle las mejillas de L. pasaron de rojas a sonrojadas, pero aun algunas gotas recorrían su costado desde la axila hasta la cadera. El chico caminaba delante y de vez en cuando giraba su sonriente cabeza para comprobar, quizás, que aquella chica de pocas palabras siguiera ahí.
Llegaron a la entrada del almacén ante la que el chico se detuvo, como si una fuerza invisible le impidiera entrar en él.
-Yo tengo que dejarte aquí –Dijo.- M. está ahí dentro. Yo tengo que volver.
-Vale, gracias.
-Adiós L.
-Sí, adiós.
El chico sonrió un poco más antes de marcharse realmente.
L. entró en el almacén que era oscuro, lo que le daba cierto frescor. Olía, eso sí, a humedad. Caminó por un estrecho pasillo de cajas de cartón, encontrándose al final con una estancia pequeña dónde M. colocaba más cajas en estanterías. Cuando vio a L. se quedó inmóvil, con cara de sorpresa, sujetando una caja entre las manos. También L. se sorprendió al ver a M., con los brazos temblorosos, la espalda encorvada y unos ojos cansados, rodeados de color morado. El rostro de M. brillaba, y sus poros se distinguían desde dónde L. se encontraba.
-¿Qué haces tú aquí? – Preguntó M.
L. se preocupó al hacerse ella misma esa pregunta. De repente no podía recordar porqué, al salir de la ducha, decidió ir a buscar a M. Pronto advirtió confusa y avergonzada que en ningún momento pensó un porqué. Lo decidió y basta.
-No lo sé. –Contestó ella.
-¿Cómo que no lo sabes? –Dijo M. dejando la caja en el suelo y acercándose a ella con la mirada fija. L. procuraba evitarla y hablaba mirando las cajas de las estancias, leyendo lo que había escrito en ellas.
-Pues no sé. Hacía calor y he venido.
-¿Pero tú sabes que hora es? ¿Qué has dormido, tres horas? Tres horas no, porque has llegado hasta aquí. ¿Has estado tan solo dos horas en la cama?
La vergüenza y el calor hicieron que le picara todo el cuerpo. Con una mano se frotó nerviosamente la cara encontrándose con que llevaba las gafas puestas. Se las quitó y empezó a manosearlas.
-Hacía mucho calor, -dijo- no podía dormir.
-No me extraña.-Dijo M., intentando rodearla con los brazos por la cintura. Ella se echó para atrás. Demasiado calor para que nadie la tocara. Le sobraban los brazos que la hacían sudar, le sobraba el pelo, separaba las piernas para no tocarlas entre sí. -¿Has visto qué cara llevas, L.?
No, no la había visto. O sí. Antes, en el espejo del lavabo. Claro. Pero en ese momento no se había fijado en su aspecto. En todo caso ahora ya había visto la cara de él y supuso que la suya debía tener unos colores similares.
-L., -dijo él agarrándola de las manos- ¿por qué no vuelves a casa y duermes un rato más? Yo volveré a mediodía y té despertaré.
-No puedo dormir con este calor.
El teléfono de M. sonó. Él lo cogió y miró la pantalla sin contestar.
-Es R.
-No contestes. –Se apresuró a decir ella.
-Ayer ya no le contesté.
-No lo hagas ahora tampoco. Te llama porque sabe que estoy aquí contigo. Me lo he encontrado en el metro y se me ha puesto en plan gilipollas. Ya sabes a que me refiero. -L. sabía que M. lo sabía. M. no contestó al teléfono, lo guardó en el bolsillo mientras seguía sonando.
-Esta bien, -dijo M.- ahora L., vete a casa, échate en la cama y procura dormir unas horas. Yo vendré a mediodía.
L. quería enfadarse con M., porque la estaba tratando como a una niña, pero no podía. Nunca podía. Entendió que estaba preocupado y por ello se sintió culpable a la vez que se lo reprochó, por ser tan paternalista. No podía soportarlo.
-No pasa nada. Me voy.
Se despidieron besándose y L. se puso las gafas otra vez. Caminó apresurándose, con ganas de marcharse del lugar, por entre el pasillo de cajas hasta la salida.
Dos italianos altos y moldeados en gimnasio, con camiseta blanca sin mangas, gafas de sol de búho y el pelo muy corto, comían Chupa Chups y hablaban animados ante la puerta del almacén impidiendo que L. saliera. Ella les llamó la atención y ambos recorrieron la mirada por L. desde los pies hasta la cabeza.
-Pasa, chica bonita. –Dijo con terrible acento uno de ellos, dejándole paso a continuación. L. no dijo nada. También ahora se hubiera enfadado, pero el olor de la calle ardiente hizo que se olvidara de los italianos, pensando únicamente que se había sumergido en un mar de agua caliente.
De camino al metro, recordó los instantes en que se había despertado, incómoda, en aquella cama. Entonces le dolía más la cabeza, ahora le dolía menos. Pero el calor era el mismo. Recordó cuando estaba en el baño, al salir de la ducha, tomando la decisión de ir a buscar a M. ¿Por qué? Recordó todo el camino recorrido, hasta llegar allí. El gordo. Y el calor. Por un momento le entraron ganas de llorar, pero se contuvo y al rato se le pasó.
Cerca del metro, de repente, por la misma razón por la que fue a buscar a M., L. decidió levantar la vista y mirar directamente al sol. En segundos la vista se le cegó, todo en cuanto veía era blanco y la frente le comenzaba a doler otra vez. Apartó entonces la mirada, cerrando los ojos con fuerza esperando recuperar la visión normal. Y así tropezó con algo y cayó de frente contra el asfalto caliente, anteponiendo el brazo izquierdo a modo de reflejo. Sintió un dolor fuerte en aquel brazo, había caído sobre algo. Se incorporó y, caminando de nuevo, se llevó la mano al brazo dolorido notando que ahora sudaba más que nunca. El sudor le caía a chorros. Vio entonces que no era sudor sino sangre. Se detuvo para ver sorprendida, más que presa del terror, como toda la camiseta y el pantalón estaban manchados en rojo. Pensó que debería ponerse a chillar de dolor, pero tan solo sentía un fuerte ardor por dónde brotaba la sangre. Pronto las piernas se doblaron débiles ante el peso del cuerpo y L. cayó de espaldas. Y tendida sobre el asfalto sentía como iba mojándose su espalda. Una mujer acudió en su socorro, se arrodilló ante ella con rostro de espanto y se echó a llorar ante la impotencia. Y L., al final, sonrió por primera vez en aquella mañana y lo último que dijo fue:
-¡Tengo frío!

Wednesday, May 02, 2007

Torpes disparos

Recientemente he encontrado un comentario sobre el texto “Sobre los Tous y su nueva línea de pircings craneales” que publiqué anteriormente en este mismo blog. Es algo que escribí en un impulso de ira (como ahora escribo esto) frente a la polémica entorno al suceso del vigilante de seguridad de los Tous que no hace falta volver explicar. Por ser un texto de reacción y enfado reconozco en él, leyéndolo hoy, diversos errores e incoherencias en cuanto a la forma cómo está escrito; el contenido, no obstante, es claro y lo mantengo con firmeza como válido. 
Hubo alguien (no dejó nombre) que, ante mi perplejidad, dejó el siguiente comentario sobre el texto:


Anonymous dijo...

me da pena la gente que se alegra de las desgracias de los demas. la gente que les gustaria tener la vida de los demas y como no pueden ya se sabe........ el que defiende lo indefendible. y el que habla y no da la cara. asi sois recelosos, envidiosos, miedosos. os levantais con ganas de que acabe el dia porque odias vuestras miseras vidas. teneis la esperanza de que vuestras vidas puedan cambiar y os dormis con la esperanza de no levantaros. os alegrais del mal ajeno porque se parece a vuestra vida y asi encontrais el consuelo. sabeis lo que os digo, que os den!, y moriros ya!!!!!!!

12:58 AM


Si alguien entiende la intención de este comentarista anónimo, por favor, que me lo cuente. No logro encontrar relación directa con la idea del texto “Sobre los Tous y…” y su comentario y tampoco entiendo a quién va dirigido.
Puede que “Anonymous” (llamémosle así), me critique a mí por ser de los que “nos alegramos de la desgracia ajena”. Sería lo más comprensible teniendo en cuenta el contexto y el uso de la segunda persona, aunque la falta de referencias al texto o al tema crean ambigüedad en el destinatario de la crítica. Pongamos, en todo caso, que es así.
Cierto que el texto que escribí contiene humor negro, como lo tenía, desde la posición contraria, el texto de Monzó; pero no encuentro en él ninguna expresión de alegría por la desgracia de nadie, más bien al contrario. La idea del texto es de rechazo y no celebración de lo sucedido. No niego que haya, en el último párrafo del texto, mofa de la “desgracia” de la familia Tous aunque, a mi modo de ver, no debe ser superpuesta la desdicha de tener un yerno en la cárcel a la fatalidad de ser muerto por un guarda de seguridad. Creo que en este sentido “Anonymous” me malinterpretó. En todo caso: sabeis lo que os digo, que os den!, y moriros ya!!!!!!! sí es para mí una expresión de alegría por la desgracia ajena. Y espero que con ello no esté malinterpretando las palabras del anónimo comentarista que dedica tres frases a describir el supuesto odio que tengo a mi vida.
En cuanto al reproche del que “habla y no da la cara” yo, ni nadie, debemos aceptarlo de un comentario anónimo.
En mi opinión, “Anonymous” simplemente tubo un mal día (me tomo la libertad de especular sobre el estado de humor momentáneo del comentarista anónimo, teniendo en cuenta que él concluyó afirmando que mi vida es miserable y que siento total aversión por ella). Imagino que este comentarista quería dar a conocer su idea y no encontró ninguna ocasión más apropiada para hacerlo. En cuanto vio algo que más o menos podía encajar con lo que ansiaba criticar se lanzó como un fiera hambrienta, utilizando un estilo directo y efectivista que pretende ser implacable pero que no hace más que emular la tópica y popular moralina que predica. 
Claro que esto no son más que suposiciones y por ello invito a “Anonymous” a esclarecer su comentario y, si lo desea, hacer uno nuevo referente a lo que se ha dicho aquí.

Wednesday, April 25, 2007

Minimal hardcore


Uunchii, uuuuunchiii, uuuuunchiii, uuuuunchiii, uuuuunchiii, uuuunchii, uuuunchiii, uuuunchii, uuunchii, uuunchiii (Mmmh….), uuunchii, uuunchii, uuunchi, uunchi, uunchi, unchi, unchi (Oh…) unchi, uunnch …i, uuunchiii, uuunchii, uunchi, uuunchi, uuunchii, uuunchii, uunchi (¡Ah!), uunchii, unchi, uunchii, uunchii, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi (¡Aaah!), unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi (¡Mmh…!), unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchi, unchii unchiunchiunchiunchiunchiunchi (¡Oh, oh!) unchiunchiunchiunchiunchiunchi (¡Ah...!, mmh...) unchiunchiunchiunchiunchiunchiunchiunchunchunchunchunch
unchunchunchunchunchunchunchunchunchunchunchunchunchunch (¡Ooooh…!) uuuuuuuuuunnnch... iiiiiiiiii (Mmmh…) unchi, unchi, uuunch …iiii.







"Bueno, dame un cigarro, ¿no?"

Thursday, April 19, 2007

En días de tanto calor

En días de tanto calor tan solo apetece ir a una playa argelina y pegarle un tiro a alguien.

Wednesday, March 21, 2007

Personajes despreciables I: Los gafapastas


El término gafapasta, aunque no muy extendido, es bastante claro: gente con gafas de pasta. La montura no es quizás el rasgo clave del colectivo a describir (pues muchos de ellos no tiene problemas de visión) pero es sin duda uno de los más generalizados. En todo caso, son más comunes las etiquetas de “moderno” o “popi”, pero nos parece más graciosa la que hemos elegido para el título.
Los gafapastas son individuos que ponen especial atención a su aspecto físico, especialmente en parecerse los unos a los otros. En un plano general vemos como, tanto ellos como ellas, tienen preferencia por los pantalones elásticos, las parcas largas, las zapatillas Converse (que son muy caras) y las gafas de pasta (muchos de ellos desearían ser miopes para poder llevarlas). Todo ello decorado con múltiples chapas entre las cuales siempre debe hallarse la imagen de Audrey Hepburn, sea en su caracterización de Holly Golightly o en el popular cuadro de Antonio de Felipe. Las demás chapas suelen contener frases más o menos ingeniosas con doble sentido sexual. Los chicos, en concreto, acostumbran a llevar americanas de pana sobre camisetas negras de manga corta. A menudo estas camisetas también reproducen el cartel de alguna película de Tarantino o Murnau. Las chicas, ocasionalmente, visten faldas cortas y medias de colores. Los bolsos, en su mayor parte, recurren una vez más a la imagen de Hepburn. Gorras y bufandas son también habituales en ambos sexos. La estación del año no importa, el atuendo es el mismo.
Ellas se maquillan a menudo. Normalmente solo ojos, labios y uñas y casi nunca conn ningún otro color que no sea azul, negro o rojo. El peinado es una parte esencial: recto flequillo o, en su defecto, clencha ostentosa. Putilatex (http://www.myspace.com/putilatex) nos hablan de crestas, pero eso me suena más a quillaca adicta a Pacha. En muchos casos toman el peinado popularizado por la película Amelie (aunque Hanin Elias ya lo llevaba mucho antes que esa petarda). Todas son muy delgadas.
Ellos no se maquillan, pero cuidan su pelo. También ostentosas clenchas que les cubran media cara. También suelen ser delgados, aunque algunos tienen algo de tripa.

En cuanto a su comportamiento y su radio de acción, suelen poblar las calles del centro de la ciudad (jamás se acercan a lo rural) y los locales “alternativos”. “Alternativo” es uno de sus conceptos favoritos; desean formar parte de la “cultura underground”, de las “tendencias urbanas”. Les gusta la cultura Pop, pero con cierta supuesta dosis de ironía que ni ellos entienden. No les gusta Warhol porque es demasiado conocido. Les gusta el cine independiente y les interesa la moda.
Los fines de semana salen de fiesta por la Apolo, Razzmatazz o la plaza del MACBA. Comen falafels y se emborrachan con cubatas y vasos de vino. Algunos fuman porros y otros zampan pastillas, pero no es algo general. Entre semana pueden encontrarse en cualquier óptica o en los cines Verdi. Escuchan Radio3, ven Silenci? (post-Nosolomúsica) y se ríen con los comentarios del doctor House. Se pasean por el Gótico con el Ipod en marcha y un liado de Amsterdammer entre los labios. Leen a los beatniks y estudian audiovisuales, publicidad y relaciones públicas o periodismo. Los más ricos están en la ESCAC. Sueñan con vivir en Berlín, con haber participado en la Movida. En sus sueños se habla en inglés. Se consideran “bohemios” y “postmodernos” y por ello suelen mirar con cierto desprecio a aquellos que no son de su especie, aquellos que “no saben nada”.
No se interesan por la política, tampoco la entienden. No se posicionan, no votan. Su máximo comentario es decir “ese es un facha”, y asunto zanjado. Se consideran rebeldes, pero en un contexto de contracultura. Acostumbran a ser pobres pero gastan mucho dinero (sus aficiones se lo exigen).

La música es uno de los elementos más imprescindibles y posiblemente sea también su mayor obsesión. Sus preferencias oscilan entre el electro y el rock, van de Fischerspooner a Tom Waits, de Franz Ferdinand a Miss Kittin, de DJdeMierda a Lou Reed, de Leonard Cohen a Ladytron, de Astrud a Matthew Herbert… Llevan camisetas de los Ramones pero no se los escuchan.



El mismo tema lo han tratado:
-Putilatex en “¡Mira, una moderna!” (http://www.myspace.com/putilatex). De esta canción se han extraído algunas de las ideas más destacadas del texto, dónde han sido desarolladas.
-Lendakaris Muertos en “Gafas de pasta” (http://www.lendakaris.com/). Cabe destacar, sobre este grupo, que ha pasado a ser uno de los populares entre el colectivo del que precisamente se mofa esta canción.

Personajes despreciables: Introducción

La siguiente relación de “personajes despreciables” pretenden retratar con la mayor fidelidad la clase de personas que, en la sombra, hacen que las cosas vayan mal. Prefiero definir, por el momento, con esta simplicidad a estos personajes, a la espera de que los lectores extraigan sus propias conclusiones.
La definiciones no son, ni por asomo, perfectas ni definitivas ya que se trata de grupos sociales cambiantes y poco uniformes. Tan solo es posible hacer generalizaciones tomando los elementos más típicos en cada uno de los colectivos. De este modo es posible que se comenten elementos que se dan entre algunos individuos aunque no en todos los del mismo grupo. Lo que cuenta es la combinación de estos elementos: aquel individuo que más elementos reúna más convencido estará de su condición.
Todo esto ni falta hacía comentarlo, pero aquí lo hacemos para cubrirnos las espaldas y tener argumentos con los que torear las futuras (y que esperamos sean muchas) quejas.
Por el momento los “personajes despreciables” a tratar serán los siguientes: “Los gafapastas”, “Los progres conservadores”, “La chica támpax”, “El facha de cubata y corbata”, “El hippitalista”.

Monday, March 12, 2007


Isabel Coixet, gorda de mierda, que seas bollera no significa que tengas que pasarte el día zampando grasientos bollos de crema.

Monday, March 05, 2007

Psitges


(con retraso)

Qué cosa más mala es el carnaval de Sitges. Muchas risas al principio de la noche y en el transcurso. Luego no tanto.
Muchos disfraces, muchos borrachos y coqueros y, sobretodo, muchos policías. Durante la noche actuaron como sujeto pasivo, amenaza estática puramente presencial en grupos inmóviles de diez o doce uniformados. Los borrachos, en cambio, sujeto activo, tocando las narices y de arriba para abajo todo el rato. Precisamente fueron éstos el principal objeto de nuestras risas. Sobretodo ellas.
Unos disfrazados de dados, otros de botellines de Voll-Damm. Un pavo con una caja de cartón en la cabeza. Uno que iba de jevi, con una camiseta de “Anarkia” y un cartel pegado en la espalda que decía “Policía Secreta”. Muchas chiquillas con porras y gorras policiales y minifalda. Muchas caperucitas. Unos disfrazados de enormes penes. Un murciano que curraba en el Lidl y se dejó el uniforme puesto debajo de la chaqueta.
La tarea más difícil de la noche (de la mañana) fue huir del maldito pueblo. En la estación, unos cincuenta uniformados organizaban las entradas en los trenes y la evacuación masiva de los moraos. En la entrada un tipo de uniforme verde, con gafas y cara de cansado, decía: “los que tengan billete a la derecha, sin billete a la izquierda”. En la cola de la izquierda D. dijo que parecíamos borregos, yo, sin embargo, no podía dejar de pensar en Primo Levi. Allí esperamos de pie cerca de una hora, cagándonos en todo, picándonos con los agentes, hablando de idioteces. Al final logramos entrar en la estación, no pagamos billete y cada uno subió a su tren. 
Más o menos a la altura del Prat del Llobregat me dije: la última vez que vengo aquí.

Los rockers


El domingo pasado fui a la tienda de chucherías donde M. trabaja (siempre me regala caramelos) y allí vi a unos rockers. 
Entró una chica bajita, con tupé, elásticos y unas converse de esas que cuestan una pasta. En primer lugar pensé que era una modernilla, pero claro, lo suyo no era flequillo, era tupé. Luego entraron sus dos amigos. Todos con elásticos y converses, con tupé negro resplandeciente impregnado de gomina y con chaquetas de tela sintética y de colores brillantes. Sobretodo el pelo muy negro y muy reluciente. 
Compraron algunas chucherías y preguntaron si había pipas grandes. No había. Sonrió la chica al despedirse y M. me dijo inmediatamente:
-¿Has visto a los rockabillys?
Sí, los había visto. Yo que pensaba que ya no existían.

Tuesday, February 20, 2007

La boca del metro



En el metro, en día laborable, en hora punta, se suele viajar bastante apretado. Se suele oler el sudor o el perfume de los demás, con igual desagrado. De hecho, estos son los dos tópicos olfativos más comunes que se emplean para describir esta situación incómoda con cierta gracia. Pero no es el caso.

Yo debo viajar más apretado que nadie pues lo que huelo no es perfume o sudor sino el aliento de las bocas ajenas. Y eso pasa cada mañana.

Wednesday, January 10, 2007

Apuntes sobre W.

W., en el lavabo, se sorprendió de ver a un tipo tumbado en el suelo. Sorprendente porque le resultaba familiar. No obstante el hombre estaba bocabajo, con la nariz aplastada contra el suelo húmedo, que apestaba a lejía, tenía una nuca que W. seguramente ya había visto antes.
-¿Qué le pasa a ese hombre? –Dijo una voz que sobresaltó a W. Se dio la vuelta y vio a un tipo gordo de corta barba que observaba con extrañeza el cuerpo tendido en el suelo.
-Creo que está borracho.-Dijo W.
-Sí, es posible…-dijo el gordo- ¿Le conoce?
-No, no. Por supuesto que no. Y de conocerle mentiría para que no me relacionaran con él. 
-Claro, claro… Muy embarazoso, sí.
-Y usted, ¿le conoce?
-Tanto como usted. –El gordo se rasco la barba y añadió- Lo mejor será que le dejemos aquí, no vaya a ser que nos confundan con amigos suyos.
Ambos salieron del lavabo y se apresuraron en alejarse con la justa discreción, para no aparentar huída. A punto de abandonar la sala, un estridente griterío reclamando ayuda les obligó a detenerse, pues de no haberlo hecho las sospechas serían mayores. Aquel que pedía auxilio era un tipo delgado y pálido, situado ante la puerta del lavabo.
-¡Señores, aquí hay un cadáver!-Dijo haciéndoles entrar.
-Uhm… -murmuró reflexivo el gordo- Eso tiene más sentido. Porque es normal que estuviera borracho en el lavabo de un bar, pero en el de un museo…
-Podría ser alcohólico-Añadió W.
-Que no, que no. Que está muerto.-Dijo tajante el hombre delgado.
-¿Es usted médico?
-No. Trabajo en pompas fúnebres. ¿Creen que deberíamos llamar al guardia de seguridad?
-No. Algún hijoputa aprovecharía para robar algún cuadro. 
W. se agachó y buscó en los bolsillos del muerto. Encontró una cartera. Al leer las iniciales bordadas advirtió porque aquel tipo le resultaba familiar. Levantó ambas cejas y murmuró algo así como “Ah, claro…” .
-Con permiso. –Dijo el gordo tomando la cartera de las manos de W. La registró y sacó unas pocas monedas, dejándolas caer a continuación. –Pff… calderilla.
Se quedaron los tres mirando un rato el cadáver (W. nunca había visto uno de tan de cerca) y luego se marcharon.

Friday, January 05, 2007

El doctor en Belgrado


-¿Cómo dices?
-Que dentro de una hora tengo que estar a quince quilómetros de aquí. Tengo que encontrarme con M. y E.
-Oh, sí… Vaya panda de gilipollas.
-Sí, sí. Unos gilipollas.
-¿Una hora? Hay tiempo para que me cuentes aquello.
-¿Qué es aquello?
-Lo que querías contarme.
-¿Y que quería contarte?
-No lo sé, no me lo has contado.
-Es algo relacionado con…
-La embajada danesa.
-¡Oh, sí! La embajada danesa. Vaya panda de mamones.
-Sí, sí, unos mamones.
-De campeonato. Bueno, la cosa comienza como siempre, pero esta vez en Belgrado. Me desperté en casa de V., con V. a mi lado. Y su novio al otro. No tenían más camas y en el sofá no se podía dormir. Pero la cama era grande, de matrimonio. De matrimonio polígamo, vamos. Bueno

Tuesday, December 19, 2006

Sobre los Tous y su nueva línea de pircings craneales


Participo, por una vez, de la polémica nacional y la trato con ira. Más aun después de haber leído un artículo de Quim Monzó que, aunque bueno y gracioso, dice de su autor que es un hombre simple (que no sencillo).
La pregunta no hace falta repetirla, pero aquí lo hacemos por motivos de estilo: ¿fue lícita o no la actuación del guarda de seguridad de los Tous? No. No fue lícita, sino estúpida y poco profesional. Porque ese hombre, en principio, debe ser un profesional. Podemos pedir a nuestro cuñado que nos ayude a pintar la casa o a nuestro tío que nos ayude con el traslado, pero para desempeñar una tarea de seguridad nuestro cuñado y nuestro tío deben ser profesionales titulados. Como el yerno de los Tous. Ese chaval, como profesional, tiene el deber, la responsabilidad y la capacidad de saber reaccionar correctamente ante una situación como la que aquí se trata. Todo ello se acentua si hay un arma de fuego por en medio, ya que, a diferencia de EEUU, en este país el permiso de armas no se concede por el mero hecho de existir. 
Es comprensible, que Fulano, que nunca ha manejado un arma y nunca se ha encontrado en situación semejante, se asuste y persiga a los allanadores de su morada con un palo de golf. Pero no lo es (aunque suele ocurrir) que "se le vaya el dedo" a un vigilante de seguridad, un portero de discoteca, un guardaespaldas, un policía, un militar, etc. en una situación en la cual su trabajo le exige obrar con precaución.

En cualquier caso, no me asusta tanto la puntual estupidez de este imbécil, como el apoyo que cientos de personas dan a este acto y su autor. Ante los juzgados de Manresa, 2000, según los organizadores, 200, según la policía, garrulos, se concertaron para manifestarse en favor del yerno pistolero. Sobre el mar de cabezas de cientos de idiotas se levantaban pancartas (impresas y no improvisadas) con el lema: “Quiero tener los mismos derechos que los que vienen de fuera”. En primer lugar, ni falta hace comentarlo, ya quisieran los emigrantes tener uno solo de los derechos que disfrutan estos garrulos (el de residencia, claro). En segundo lugar, ¿significa compartir derechos con los extranjeros la total libertad para dispararles? ¡No, hombre! Solo si entran a robar, como haríamos con uno de aquí. Normalmente remitiría a la Biblia para demostrar cuán cristiano sigue siendo nuestro país en cuanto a la ciega aceptación de la ley del “ojo por ojo”; pero en este caso me veo obligado a utilizar las palabras de Himmler, que no recuerdo literalmente (no he logrado encontrar la cita, la oí en un documental), pero que venían a decir que el “ojo por ojo” no es nada comparado con la mentalidad nacional-socialista pues en esta, al enemigo que te saca un ojo, le sacas los dos, y le arrancas los brazos y le aplastas el cráneo. Y si un albano hijoputa se mete en mi casa le pego un tiro en la cabeza. 

Para rematar el tema, tan solo comentar que me parece totalmente correcto, desde un punto de vista moral, que sea saqueada la casa de los Tous, quienes han amasado fortuna vendiendo una horterada de joyas cuyo motivo principal son unos feos osos.

Tuesday, December 12, 2006

El teléfono


Un teléfono suena estridente en la habitación sin ventanas. Alguien despierta y se da cuenta de que durmió con las luces encendidas, sin que eso perturbara su sueño en ningún momento. El teléfono, por su parte, sí.

Thursday, December 07, 2006


"La vida no es más que la caricatura de una gran ópera" Fitzcarraldo (Werner Herzogh, 1982)

Friday, November 24, 2006


Bueno, bueno, la otra noche pensamos en ir a un local, pero al final no fuimos. Es una discoteca donde hay que pagar entrada, pero según parece en el Bar Manolo te las dan gratis. No importa, porque no fuimos a ese local, fuimos a otro. Ese otro (que quizás se llame Enfants) se encuentra justo en la calle paralela al bar Manolo. Allí también hay que pagar, pero en el guardarropa trabaja una amiga de F que nos dejaría entrar sin soltar un duro. “Es un poco del rollo siniestro,” dijo F de su amiga “pero solo un poco”. Cuando llegamos, el local aun estaba cerrado así que Fl (que no F), propuso ir al London Bar, donde una Estrella te cuesta tres euros. 
Volviendo a Enfants (si es que se llama así) advertimos que los jueves la entrada era gratuita así que entramos sin más. F nos presento a su amiga, E, que nos dijo que le parecíamos todos “muy majos”. A mi no me pareció siniestra en absoluto, salvo por unas ojeras muy marcadas, aunque no feas, y el corte de pelo de Hanin Elias. En Enfants una Heineken te cuesta cuatro euros, solo tomé una. F pidió un ponche con cola, que le costó siete euros y que era demasiado dulce para mí. 
Había dos pistas, una de ellas, más pequeña, estaba destinada a la música disco y a los fumadores. Allí pasamos la mayoría del rato alargando nuestras bebidas con sorbos cortos y bailando sin mucho animo. N, no obstante, lo hacía con más dedicación. Se lo comenté a F y él contesto que por su parte no sabía bailar más que de una manera. Me la mostró, aunque yo ya la conocía. Consiste en levantar los brazos medio doblados por encima de la cabeza y moverlos de un lado para otro, como un mono. Advertí en ese momento que yo dispongo también de una única forma de baile: balancear el torso y mover las piernas con los brazos caídos, como un orangután. Decidí probar, y estuve agitando los brazos durante un buen rato, pero no mucho porque resultaba ridículo. Mis movimientos de brazo recuerdan a Ian Curtis, tanto por como él bailaba como por los ataques epilépticos que padecía.

Saturday, November 11, 2006

Zwecklos/Unbrauchbar



El significado original latino de “jueves” es “el día de Júpiter”. Como es sabido, Júpiter, además de ser la principal divinidad latina (como lo fuera Zeus), es el dios del trueno. “Donnersatg”, que es el nombre alemán para el jueves, esta compuesto por las palabras “Tag” y “Donner”, que significan “día” y “trueno” respectivamente. Como es sabido, Tor, además de ser la principal divinidad germánica (como lo fueran Zeus y Júpiter), es el dios del trueno. “Tro”, que no es Tor pero se asemeja, es la palabra catalana para designar al trueno y es además el nombre que se da a la mitad de los perros catalanes (la otra mitad es la que corresponde a las hembras, que se llaman todas “Estrella” o, como mucho, “Lluna”). En cuanto al Döner Kebab, su donner lleva diéresis y una única “n”, lo que supone que no tiene nada que ver.

Monday, November 06, 2006

Maldito País (II)

Yo no entiendo lo de la “reconquista”, no la veo por ningún lado. 
“Reconquista” es un término que comenzó a emplearse en el 1095, contexto en el que se comprende que se utilizara como propaganda para la cruzada. Se legitimaba la campaña de este modo: se echa a los moros para recuperar lo que es de los castellanos y de los catalanes, es decir, los cristianos. Pero el hombre del siglo XXI, que en principio es más listo o, como mínimo, tiene mayor perspectiva histórica, debería darse cuenta de que antes de los musulmanes no había ni castellanos ni catalanes. Los moros les quitaron la península a los godos. El reino y la capital, Toledo, que en el siglo XI se quiso “recuperar” era el del los godos, quienes en realidad eran pueblos invasores del norte. Digo “invasores” porque les quitaron la península a los romanos, de quién en un principio fueron aliados para echar a los suevos, vándalos y alanos, que también ocuparon por algún tiempo el mundo ibérico.Así que, ¿quién recupera qué de quién? y ¿quiénes son los castellanos, catalanes o portugueses?, ¿son herederos de los romanos, los godos, los vándalos, los suevos, los alanos, los musulmanes o los griegos y cartagineses?
Como mucho, lo único que se recuperó con la “reconquista” fue la oficialidad de la religión cristiana, religión que, de hecho, en Al-Ándalus nunca estuvo prohibida. Es más, el primer reino cristiano fue el godo, que duró tres siglos, del s. V al VIII; el reino musulmán siete.
No se me ocurre nada más que añadir, tampoco dispongo de más datos, no obstante creo que lo dicho hasta ahora es suficiente, y así concluyo.

Wednesday, October 25, 2006

Blutrote Nacht


C., ciudadano del imperio romano, soñaba incómodo con un insistente rombo púrpura que se balanceaba sobre su cabeza. También soñaba con comida y sonrisas, con vacas y corderos. Pesadillas propias del que se ha acostado harto de vino. En un primer intento por despertarse se revolvió entre las sábanas tanto como su estómago, mientras que un punzante dolor de cabeza le privaba de lucidez. Decidió, al fin, dormirse de nuevo e intentarlo más tarde.
Despertó nuevamente horas más tarde, advirtiendo que su malestar no se había desvanecido pero que había mutado. El dolor de estómago era menor, pero se sentía mareado y le costaba respirar. Tosía y los ojos le lloraban. Desconcertado por síntomas que diferían de los habituales en sus resacas, decidió levantarse e ir a pedir consejo a su padre. Al incorporarse observó sorprendido que la habitación estaba totalmente oscura. Una oscuridad negra y espesa, una oscuridad que se podía respirar. Había humo llenando la estancia.
Creyendo que había un incendio en la casa, corrió asustado hacia la ventana para huir por ella. Curiosamente, al abrirla se le presentó un exterior más oscuro que su habitación. Apenas podía distinguirse la abundante lluvia de piedra pómez.
-¡La madre que me parió! - dijo C., ciudadano del imperio romano- ¿Qué coño le pasa a Pompeya?

Thursday, September 28, 2006

Maldito País (I)

“¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?” Antonio Gasset

El odio apasionado y tradicional, pero no menos irracional, que siente la gran mayoría de españoles (españoles, catalanes, gallegos y vascos, si os apetece puntualizar) en relación a la población francesa, he resuelto, no es más que una reacción propia de algo tan bajo y triste como es la envidia, la envidia cochina.
Imagino que por decir lo que he dicho, y lo que me queda por decir, recibiré una fuerte oleada de indignación. Sé que es inevitable que muchos me critiquen y que tantos otros hayan abandonado la lectura de este texto en su primer párrafo. No obstante confío en que haya por parte de los lectores (del segundo párrafo) un ligero ejercicio de reflexión y autocrítica, siendo a la vez consciente que a muchos les va a costar horrores y que a los demás les será imposible. 
Para demostrar que la aversión ibérica hacia Francia es producto del orgullo malherido expongo a continuación, de forma esquemática y de cómoda lectura, una pequeña muestra de motivos por los que se envidia al país vecino:

-porque tienen cuatro veces más clases de queso que nosotros.
-porque sus vinos son tan buenos como los nuestros
-porque su pan es crujiente por fuera y mullido por dentro, mientras que el nuestro es una pasta uniforme de textura similar a la del chicle
-porque tienen una nariz mayor y una lengua más bonita que la nuestra (Cirano lo demuestra)
-porque ellos derrotaron a los musulmanes (Poitiers, 732) y a nosotros nos invadieron
-porque ellos tienen a Juana de Arco y nosotros a Juana la Loca
-porque el Cid partía a los hombres por la cintura, mientras Roldán lo hacía de arriba a abajo
-porque ellos fueron los más destacados en la Ilustración y nosotros los más destacados en la Inquisición
-porque ellos son recordados por la Revolución Francesa y nosotros por perder la Guerra Civil
-porque ellos tienen una bandera tricolor y la nuestra sigue siendo bicolor
-porque su cine es infinitamente mejor que el nuestro
-porque ellos veranean en España y nosotros también
-porque ellos tienen Cannes y nosotros Marina d’Or
Hasta aquí la parte más demagoga del discurso. 

Se suele justificar el odio a los franceses por su prepotencia, pero, ¿no son los madrileños los que hacen ostentación de su chulería? Los argentinos también suelen tener un ego desbocado y, a menudo, actúan con descarnada falsa modestia. Pero nadie odia a los argentinos. Su prepotencia no es odiosa, es simpática. Además, hablan en español.
También se dice de los franceses que son unos finolis, pero también hay quien dice que son unos guarros. Se les tacha de “listillos” y de intolerantes; y por eso no se les tolera. 
Para concluir brevemente y a modo de aclaración, no pretendo en ningún caso realzar Francia, país por el que no tengo nada ni a favor ni en contra, sino (como espero que hayáis percibido todos los lectores no superficiales) demostrar la miseria y bajeza propia de este país, España.

Thursday, September 07, 2006

¿Para qué coño quiero yo costo?

En el viejo bar dos tipos próximos a ser veinteañeros apuraban sus cervezas en silencio. Uno comía pipas, el otro, las uñas. Una vacía conversación compuesta de cometarios prediseñados les ayudaba a pasar el tiempo.
-Vaya mierda, ¿no?
-Pues sí.
Era verano y eran las seis de la tarde pero el día era oscuro. Oscuras nubes cubrían el cielo dispuestas para un diluvio estival que se anunciaba desde media mañana, pero que no acababa de acontecer. J.M. se dirigía al viejo bar arrastrando los pies, con un cigarrillo colgando entre sus adormecidos labios y la vista perdida en el asfalto que pisaba. No necesitaba ver el camino, lo recorría por automatismo. Cuando llegó al bar, deteniéndose en la entrada, hizo una rueda de reconocimiento de los parroquianos, mostrando una mueca de aborrecimiento al encontrarse sólo con viejos puretas cabizbajos sentados en la barra. En una mesa del rincón, pero, encontró sonrientes a los dos jóvenes, que le hicieron señales para que se acercara y se sentara. Como el bostezo, la sonrisa se contagia y así se dibujó en el rostro de J.M. “Mmh… pardillos.” pensó alegremente “Perderé un rato con ellos, a ver si me invitan a una mediana”.
-Hola J.M., ¿que tal?
-¿Como va, J.M.?
-Bien, bien…-Contestó con voz ronca, tosiendo a continuación. Los chicos sonreían y observaban a J.M. con atención, intentando captar cada uno de sus movimientos y registrar cada una de sus palabras. J.M. no tenía reparos en reconocer que le gustaba que los pardillos le admirasen, aunque por otra parte le desconcertaba, pues no veía en él nada digno de admiración. -¿Y como va eso chicos?
-Bueno, pues aquí… sin porros. 
-Privando y eso. En el bar.
-Ya veo, ya…
Hubo una pausa, poco más quedaba por decir. Los chicos se incomodaron, J.M., por otra parte, fumaba distraído.
-Eh… J.M., tú no sabrás de alguien con costo y eso. Para pasar.
-No. –Dijo J.M. levantando una mirada de un solo ojo, ya que le entraba humo por el otro y lo mantenía cerrado. Con profunda voz, sentenció: En agosto no hay costo. 
Lo chavales sonrieron. Les encantaban las frases hechas de los puretas. Las memorizaban y las repetían, les daba la impresión de entrar en la sabiduría popular del mundo de la droga. J.M lo sabía, sabía impresionar bien a esos muchachos. También sabía ganarse las cervezas.
-¿A quién le pilláis?
-Al moro.
-Mmh…- J.M. aparentó reflexionar. Asintiendo con la cabeza añadió: buena grifa.
-Ya, ya. Pero dice que no tiene nada. Es que esta ciudad es una mierda.-Dijo el pardillo simulando preocupación y desengaño.- Imagínate que llevamos una semana sin costo.
De hecho, se trataba de una doble actuación.
-De hecho,-dijo J.M., pensando en su cerveza- tengo un colega que vende en la playa. Marihuana de la buena. Pero se la vende a los giris, más cara, ¿sabes? Claro que yendo de mi parte…- J.M. esperó que aquello animara a los chicos, haciéndoles creer que “iban de colegas”. Pero no funcionó.
-No, hierba no. Queremos costo.
“Gilipollas” pensó J.M. El chico continuó hablando.
-Es que la hierba es para consumo especial sabes, para ocasiones contadas. El chocolate es de cada día y eso. El de “buenos días”, el de “buenas noches”. Yo prefiero la hierba, ¿sabes?, pero es que…
La atención de J.M. no era en absoluto constante, menos ante esos chavales. Comenzaba a aburrirse de los dos pardillos y perdió la esperanza de que le invitaran. “Maldito fumetas,” pensaba “siempre hablando de lo mismo. Haciéndose los importantes. A ver si viene N. y charlo con él un rato. Estos tíos me están cansando con tanta tontería. Y los muy gilipollas son tan rancios que ni para un quinto me van a dar. Sentarme aquí a sido una gilipollez.”
-¿No habréis visto a N. por aquí?
-Pues no, no ha venido. Lo que te decía, que lo que pasa con la hierba que se cultiva aquí es que la gente no tiene ni idea. No es que yo sea un experto, pero me gusta saber que fumo…
J.M. volvía a estar inmerso en sus pensamientos y en su cigarrillo “…con su estúpida falsa modestia, haciéndose los garrulos y demostrando a la vez cuanto saben de agricultura. Putos bastardos de mierda, siempre tocando las narices con sus especies y sus semillas. Mejor me voy para casa. Hay latas en la nevera. Pero joder, justo ahora se pone a llover. Me cago en…”
-¿Quieres una cerveza?
-¿Qué?
-Que si quieres una cerveza.
-Vale si…
Uno de los pardillos, el que más hablaba, se fue hacia la barra, creando un nuevo silencio entre J.M y el otro pardillo. El pobre chiquillo, sin poder evitarlo, soltó el primer comentario que se le ocurrió.
-Esto de estar sin costo es una mierda. Nunca debí engancharme.
J.M. no le dijo nada. No vio por qué.
“Al menos ya tengo mi mediana. A ver si llega N. y charlo con él un rato. ¿Qué no tienes costo? Pues vaya. Yo tampoco, pero no le caliento la cabeza a la gente. Yo me voy a la ferretería, me compro un buen tubo de cola de impacto y lo vacío en la misma bolsa que me dan al salir, luego, le enchufo la tocha y aspiro. ¿Para qué coño quiero yo costo?”

A las 6.30 de la madrugada, S., agotada por una noche que se inició con sonrisas y que terminó con bostezos no soñolientos, subió al autobús cantando internamente, de forma continua, una canción cuyo nombre no recordaba.

“… porque es esa canción. ¿Pero que coño le pasa a toda esta gente que no deja de mirarme? Viejas, currantes y borrachos, nada más que eso. ¿Es que tengo monos en la cara, o qué? Y tú, el gilipollas de la gorra, ¿que coño miras? ¡Anda, que les den por culo a todos!”

Un chico, argentino, aunque quizás uruguayo, se sentó junto a S. y permaneció quieto observando la cabeza de esta.
-¿Qué?- preguntó ella molesta.

“¿Qué coño estas mirando?”

-¿Cómo consigues levantarte la cresta?-Preguntó él.
-Con jabón de lagarto.
-No sabía que hicieran jabón con los lagartos.
-No es que esté hecho de lagarto, sólo que se llama así.
-¿Y que clase de jabón es ese?
-¿Qué pasa? ¿Es que quieres hacerte una cresta tú también o qué?
-Pues quizás si.

“Maldito pelmazo, vete a sentar al fondo y déjame en paz ya”

-Pues es jabón del puro. De pastilla.
-¿Cómo el jabón de Marsella?
-Yo que sé. De Marsella no es, porque lo hacen en Zaragoza.
-¿Y dónde puedo comprar “jabón de lagarto”?
-¡Y yo que sé…!
-Bueno, no te enfades.
-No me enfado, pero es que lo puedes comprar donde quieras. Dices: Jabón de lagarto, por favor. Y te lo dan. Y si no, dices: jabón para levantar crestas, por favor.

“Esto a tenido gracia, pero mejor me callo. Quizás así deje de preguntarme estupideces. Vaya una mierda de autobús, no hay nada más lento. Falta un rato, ¿no?¿Pero al argentino este que le pasa?¿Por qué no se va por ahí de una vez? ¡Que te largues! ¿Como se llama la canción esta? Lo tengo en la punta de la lengua. Lo que pasa es que el baboso este no deja concentrarme. Aunque quizás él lo sabe. Vamos, podría ser , ¿no?”

-¿Oye tu conoces una canción de Parálisis…?
-¿Una canción de qué?

“Vete a tomar por culo. Qué coño va a saber el baboso este… Si es que yo sé como se llama pero no consigo acordarme. ¿Y la vieja esa por qué me mira ahora? Pero bueno, ¿qué le pasa a la gente de este autobús? Que se miren sus propios jetos, ostias. A ver si corre más este bus de mierda. Me están entrando unas ganas de fumar. ¿Y tú cuando piensas largarte, baboso?”

-Bueno, esta es mi parada. Hasta otra, guapa.
-Sí, sí… Adiós.

“Que pesao el tío. Al fin se marcha. Era algo así como… No, no era nada de eso. ¿Me ha guiñado el ojo? Puto borracho de mierda, como me haya guiñado el ojo me bajo del bus y le aplasto la cara contra el asfalto. Maldito gilipollas comemierda. Bueno, pues eso, la canción. Tengo que salir de esta autobús ya. Parece que esté en el zoo. Bueno, en el acuario. Por los cristales, ¿no? En el acuario dónde la gente viene a verme. Como a los animales. Ah coño, ya me acuerdo.”

TODO EL MUNDO

Ayer vi “Els Joves” y felizmente recordé, una vez más, que existen y que siempre estarán ahí. Ayer también visité uno de estos blogs y advertí que el autor hablaba de si mismo en él, a modo de diario personal/público, lo que no es mala idea. Yo casi nunca hablo de mi mismo, tan solo de gente con nombres de letra como los dedos del Predicador. Hoy me he levantado, me he tomado un café y ante el ordenador he comenzado a escribir “Ayer vi Els Joves…” y he decido poner una foto de grupo de los mismos para seguir la línea que he mantenido en las últimas publicaciones, en todas ellas fotos de grupo, cosa que se ha dado de forma inconsciente hasta el día de hoy con esta. Antes de ayer vi aquella película, Spun, de la cual se habla demasiado, pues no esta nada mal y tiene algunos momentos muy bonitos que se han quedado eternamente gravados en mi subconsciente y que recordaré felizmente en los más inesperados momentos, de forma aleatoria y sin sentido, más no es una película que se imponga sobre las demás ni que aporte nada nuevo al arte al que pertenece y al subgénero en el que se incluye. En cualquier caso allí felizmente descubrí una versión de los Maiden, de The Number of the Beast, tocada con guitarra acústica, que resultó ser hipnótica si más no. La versión la canta el mendas ese de los Pumpkins al que le aplastaría sin dudar la pumpkin que lleva sobre los hombros, no sin reconocer tristemente que ESA canción a mi me gusta (por suerte, siendo una versión, su merito es menor). Ayer descubrí a Lonnie Donegan, que, a su manera, es también hipnótico. Mi hermano dijo que era “un poco estresante” lo que me hizo pensar que lo que pasa es que a E. no le gustan los ritmos acelerados y por eso hace una música que tantos pocos comprenden. Ayer descubrí que Vince Taylor era muy feo, lo que hizo que me gustara su música un poco menos. Antes de ayer me corté el pelo, o parte de él. Hoy leo lo que estoy escribiendo y me dan ganas de borrarlo porque es pedante y poco interesante, aburrido, aunque por una vez hablo directamente de mi mismo, lo que, la verdad, no se si es bueno o malo. Me consuela saber que nadie, o casi nadie, va a leerse esto o va a leerlo en su totalidad. Procuraré publicar algo nuevo lo antes posible para que la presente quede felizmente en el olvido. Y es que la verdad no se porque hoy, después de tomarme un café, he comenzado a escribir aquello de “Ayer vi Els Joves y felizmente recordé, una vez más que existen y que siempre estarán ahí” y no me he detenido después de ese primer punto (esto es lo que se llamaría “escritura automática” si no fuera porque me he detenido a corregir las faltas).

Friday, July 14, 2006

Cuando los dinosaurios dominaban la tierra

D. se levanta una día con terrible dolor de cabeza y lengua rasposa. Nota una fuerte presión entre sus ojos y una molestia punzante en la nuca. D. mira a su alrededor y, al percibir la habitación como un lugar desconocido, se pregunta “¿Dónde coño me he metido?”. Se levanta de un salto y se da cuenta, por el tacto, que no lleva zapatos, aunque sí pantalones. Sale de la habitación y se encuentra en un piso estrecho y oscuro, apenas amueblado. Recorre un corto pasillo que lleva al salón donde encuentra sus zapatos encima de la mesa del comedor, junto a una botella medio vacía de DYC. Se sienta en el blando sofá y se pone los zapatos a toda velocidad mientras intenta hacer un vano ejercicio de memoria. Hecha un ojo a la calle y es de noche, pero el piso huele a café. Busca la cocina y en ella encuentra una cafetera en marcha pero a nadie vigilándola. Registra el piso y tan solo encuentra habitaciones vacías (de personas y mobiliario), limitadas por paredes desnudas aunque maquilladas con trazos de tiza negra. D. encuentra una puerta cerrada, por la parte inferior de la cual se escapa un rayo de luz. Sí, quizás hay alguién ahí dentro. D. Golpea la madera con los nudillos sin obtener respuesta. Golpea una segunda vez y luego una tercer vez. Golpea una nerviosa cuarta vez a modo de inercia, sin detenerse luego para esperar respuesta. Se dirige a la puerta de salida y abandona el piso. Abandona el edificio y advierte que se encuentra en una parte que desconoce de la ciudad. Escoge una dirección al azar y comienza a caminar soltando vapor por la boca y maldiciendo el condenado frío que hace.

El marido de la señora T.

(Comienzo publicando antiguos textos que ya aparecen en fotolog)

La señora (o señorita, como le gusta que la llamen) T. salió ayer por la noche con una amiga. “Noche de chicas”. Vieron una película de Isabel Coixet que les enterneció hasta el punto que la amiga de T. decidió que su día acababa allí, y que se iba para casa. Anularon, pues, la cena prevista para después del cine. De hecho fue un alivio para T., ya que antes que ir a comer a un restaurante prefería volver a casa y comerse un Vitalinea ojeando el Cosmopolitan. 
De vuelta a casa, T. rememoró la película y decidió que le había gustado. Valió la pena perderse el episodio de Ally McBeal. Pensando en la película se dio cuenta de ciertos paralelismos con aquella bonita novela de Isabel Allende, cuyo título no recordaba. Había en ambas obras un trato similar de la mujer. Decidió que cuando llegara a casa escribiría una poesía sobre el tema. 
T. aparcó el BMW en el garaje. Las luces de la casa aun estaban encendidas, llegaba pronto. Entró y dijo hola, pero nadie contestó. Pensó que estarían dormidos. Dispuso en la cocina un Vitalinea y el Cosmopolitan. Apenas tuvo tiempo de leer su horóscopo que ya había terminado su cena. De camino al dormitorio oyó ruidos. Cuando abrió la puerta sorprendió a su marido follando con su mejor amigo (el mejor amigo de él, por supuesto). 

El marido de T. durmió en el sofá aquella noche. Esta mañana han hablado sobre lo acontecido. Estas fueron sus palabras: 

-¿Cómo pudiste hacer aquello? Jamás pensé que harías una cosa así. 
-Oh, querida… tú nunca pensaste demasiado. En cualquier caso, es algo que se venía venir. 
-¿Pero como puedes decir eso?¿Que te he hecho yo para merecer esto? 
-Nada. Aquí el que ha hecho soy yo. 
-¿Y siempre has sido así
-Siempre. Desde el instituto. Si me casé contigo fue por mis padres, ¿sabes? Y bueno, tú estabas buena y eras fácil. Siempre fuiste bastante puta. 
-¡Así que encima me insultas! Esto no va bien, esto no va nada bien. Este matrimonio no funciona. 
-Nunca funcionó. De hecho tú nunca funcionaste, con tus neuras y tus tonterías. Yo me saciaba con mi compañero para llegar a casa y ser un buen marido, pero es que tu… De hecho, mi amante y yo, habíamos planeado matarte y huir, aunque me parece que eso solo era una fantasía… La cosa está en que aquí, quién sobra, eres tú. 
-Después de todo lo que he hecho por ti… 
-Lo único que has hecho es calentarme la cabeza con tus gilipolleces, tu puta poesía de mierda y tus calorías de los cojones; tus modelitos, tus novelas de la Allende esa y tu mierda revistas esas que lees; tu manía por las apariencias, tu falsedad y tu empeño por de mostrar lo interesante que eres cuando en realidad eres de los más vulgar incluso que la imbécil de tu amiga, la fea esa llorona de los cojones. Oh… y tu absurdo feminismo incoherente y pamfletero, tu egocentrismo enfermizo y tus aires de divinidad… ¡Anda, vete a tomar por culo ya y déjame en paz…!

Querido sr. S

(Comienzo publicando antiguos textos que ya aparecen en fotolog)

Querido sr. S.: 

Te escribo esta carta con amargura pues lo que la motiva es un asunto feo. Si la escribo es porque soy consciente del aprecio mutuo que caracteriza nuestra amistad y que, por ella, nos gusta estar enterados tanto de las buenas cosas como de las malas. Sin más preámbulo procedo a relatar el motivo de mi perturbación: 

Ayer por la tarde, caminando por calles cercanas a tu casa encontré casualmente a tu mujer, acompañada de otro hombre. Un hombre elegante que vestía un traje azul, un hombre alto. En un principio pensé en pasar de largo y simular no haberme topado con ella, pero un cruce de miradas me obligó a detenerme y saludar. Me presentó al hombre como su hermano. Mintió. Si bien cierto es que tiene un hermano, al que por cierto nunca he visto, me atrevo a aventurar que aquel hombre no lo era. No creo, en cualquier caso, que se tratase de su amante. Ambos sabemos que si tu mujer quisiera engañarte lo haría, sin duda alguna, conmigo. De este modo no puedo avanzarte la identidad del hombre de azul y menos aun su relación con tu mujer. Tan solo puedo mencionar que era un personaje inquietante en cuanto a que, como pude observar, las agujas de su reloj rotaban en sentido contrario. 


No te olvida, R.

La muerte de Petronio Arbiter