Monday, December 08, 2008

El frío y El frío hace unos días.


Aunque en estos últimos días ya haga frío, no entiendo porqué toda la gente que sube al tren permanece con todos sus abrigos, bufandas, guantes y esos feos e inútiles calentadores encima. Los vagones están siempre abarrotados, con la calefacción a máxima potencia, los cristales empañados. Yo suelo quedarme en camiseta, pensando: ¿no tenéis calor, desgraciados?
Bueno, creo que me tomaré un café.

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El texto de aquí arriba, para llegar a convertirse en definitivo, ha experimentado un curioso proceso de mutación que creo es suficientemente interesante como para tenerlo en cuenta. Quizás sea porque, siendo más bien simple, me costó bastante tiempo convertirlo en algo satisfactorio.
El texto inicial era el que sigue:

A lo largo de estos últimos días en que el otoño parece menos empeñado en asemejarse al verano (cosa que consigue de forma más bien torpe) y ha adoptado una temperatura más adecuada a la de una estación de transición hacia el invierno, he observado un comportamiento totalmente incomprensible entre aquellos personajes anónimos que cada mañana y tarde me acompañan en el tren.
Como he dicho ya (de forma innecesariamente retorcida), comienza a hacer frío. La gente se abriga más, comprensiblemente. Yo también lo hago. No obstante, al entrar en el vagón de tren estrecho y sofocante, con la calefacción a máxima potencia, lleno a rebosar de gente, con los cristales empañados, yo me quito la chaqueta y el jersey, pues allí no me hacen ningún servicio. El resto de viajeros, en cambio, permanecen con todas sus prendas encima, como si se encontraran en el interior de una cámara frigorífica. Cuando veo a aquella gente con las chaquetas atadas hasta el cuello, los sombreros encasquetados hasta las orejas, guantes, bufandas y esos feos e inútiles calentadores, no puedo evitar preguntarme: ¿es que no tenéis calor?
Todo ello me lleva, en una reflexión más amplia, a pensar que el frío hoy en día está infravalorado en favor de un culto enfermizo por el calor y su estación, el verano. Imagino que los culpables son los anuncios de Actimel y este nuevo y popular (y absurdo) concepto de identidad de lo latino. El resultado es que no sólo se desprecia el frío sino que se crea una verdadera psicosis entorno a él y un temor constante a padecerlo.

4 comments:

Miserias del traductor said...

Love you Pol!!!! Cada cop que entro i tens algún post nou em poso de bon humor!!!!

Aquí també arriba la neurosis, a 20 graus i les "santacruceras" amb guants, bufanda i gorro... però el pitjor de tot és que era rosa!!!!

mukis!

Lena said...

JAJAJAJAJAJAJAJAJA!

Menos siempre es más!

Un abrazo!

audiotalaia said...

si si si si, a la mierda la playa y las caipiriñas, viva el frío, la butifarra y el aguardiente pa calentarse cuando refresca!

firmado: el hermano de las faldas a cuadros

Francel said...

Donde dije Diego digo digo. Great!