Monday, October 29, 2007

El gato

El doctor se sentía cansado y aburrido. Estaba sentado en su despacho, fumando, con la mirada perdida en algún punto a través de la ventana. El cielo estaba nublado, aunque su color era marrón en lugar de azul oscuro. Llovía barro. “Nubes de África” pensó el doctor. No era lo único que venía de allí.
Alguien llamó a la puerta. El doctor aplastó el cigarro contra la mesa, dándose cuenta luego de la estupidez que acababa de cometer. Lo había puesto todo perdido de ceniza. Puso unos papeles sobre el cigarro y dio paso a quién lo había pedido. El que entró era un hombre joven, delgado, de ojos cansados y piel algo amarillenta. Labios finos, casi inexistentes. Iba envuelto en un traje azul oscuro, seguramente no muy caro, y una corbata negra. “Un ejecutivo estresado” pensó el doctor.
Hubo un apretón de manos y las presentaciones correspondientes. El doctor ofreció asiento al paciente y este, sentándose, olfateó con sospecha. El doctor se cubrió las espaldas murmurando entre dientes algo así como:
-Algún enfermero cabrón ha estado fumando por aquí.
La boca del paciente se tensó momentáneamente hacia el lado derecho. Estaba sonriendo.
El doctor pronto preguntó de qué se trataba.
-Son unas fiebres –comenzó el paciente.- Pero no son fiebres normales. Vienen y van, ¿sabe? No son constantes ni regulares. A veces son fuertes y a veces no.
-¿Le había ocurrido antes?
-No. La primera vez fue hace unos cuatro días. Y eso no es todo. También siento hormigueos, en su sentido más literal; siento cómo si pequeñas hormigas se pasearan por debajo de mi piel. Es muy desagradable, pero también me sucede únicamente a ratos y con intensidad variable.
El doctor observaba la corbata y la americana de su interlocutor. “Negro y azul” pensaba.
-Mmh… Eso es algo extraño. Las fiebres, están más o menos dentro de la normalidad a pesar de la irregularidad que usted comenta. Los "hormigueos"… No es que sean extraños en sí, pero junto a las fiebres ya es otra cosa. Quizás es algún tipo de alergia. ¿Ha tenido alergias anteriormente?
-No.
-¿Le ha picado algún insecto extraño últimamente?¿Ha estado en contacto con alguna planta exótica…?
-Bueno, he hecho un viaje. Fui a Egipto hace una semana. A Abu Simbel. ¿Cree que pude haber cogido algo allí?
-Con la información que me ha dado no puedo descartar nada. Por el momento, claro. ¿Viajó con alguien más que pueda estar padeciendo síntomas similares?
-Sí, de hecho viajé con un compañero de trabajo, ¿sabe? Fui por una cosa de trabajo. Sí, trabajo, más o menos… El caso es que, ahora que lo pregunta, no se nada de este compañero, ¿sabe? Él tenía que volver un día más tarde que yo y desde que nos despedimos en Al-Haram no hemos vuelto a coincidir.
-Creí que dijo Abu Simbel.
-Estuvimos en ambos sitios.
-Verá, quizás no sea nada. Quizás no tenga nada que ver con su viaje, pero sería bueno que hablase con ese compañero. Precaución. Mientras tanto, dígame si ha experimentado algún síntoma más. Cualquier cambio físico o anímico, por menor que sea.
El doctor se frotó la punta de la nariz nerviosamente. “Negro y azul” pensaba.
-Bueno… hay algunas cosas.-Dijo el paciente mirando al infinito.
-¿Qué “cosas”?
-Bueno, está esta mancha negra en el cuello. ¿Lo ve? Con forma de pez.
-Yo diría que se parece más bien a un ojo.
-Sí, no me había fijado. Podría ser un ojo. A parte de eso, sí es verdad que estos últimos días he tenido pesadillas. Cada vez más frecuentes, ahora que lo pienso. Es un sueño recurrente: estoy en un lugar cerrado, pequeño y oscuro. Oigo voces que no entiendo y hay un enorme rombo púrpura balanceándose sobre mi cabeza. Noto que me pesa el cuerpo y me muevo con dificultad. Como si me moviera bajo el agua.
-Parecen delirios propios de la fiebre. Nada especial. Aunque me inquieta el rombo púrpura, también a mi me persiguió en pesadillas de juventud. –El doctor recordó aquella ocasión en que le mordió un perro. Entonces tubo fiebres también.- Sí, era un rombo púrpura, sin duda. Pero aquello era distinto. De todos modos yo nunca he estado en Abu Simbel.
-¿Cómo dice, doctor?
-Digo que nunca he estado en Abu Simbel. No, en Egipto no... Y esas marcas en el brazo, ¿le han aparecido también en los últimos días?
-Oh no. Bueno, sí. Pero no tienen nada que ver. Me las hizo el gato.
-¿El gato?
-Sí. Lo tengo desde hace poco. –El paciente se sobresaltó levemente.- ¿Cree que es alergia al pelo de gato?
-Puede ser.
-La verdad es que lo tengo desde poco antes de enfermar –dijo pensativo el hombre de azul-. Desde el mismo día en que volví del viaje. Llegué a casa y me lo encontré en el salón, sentado sobre la mesa, esperándome. No sé cómo logró entrar, estaban las puertas y ventanas cerradas. Quizás entró el día en que me fui a Egipto. Ya sabe, al salir yo… –El doctor no prestaba atención, estaba concentrado en el rombo púrpura y en el perro aquél. A veces se distraía y volvía a fijarse en el traje azul y la corbata negra del hombre que tenía sentado delante. No, no le parecía un ejecutivo estresado- Puede que sea de alguno de los vecinos, ¿sabe? Aun no se lo he preguntado a todos, aunque de momento nadie parece echarlo en falta. Además, ya se ha acomodado en mi casa. Desde el primer día, como si llevara toda la vida viviendo allí. Sería una lástima tener que deshacerme de él, la verdad. Le he cogido algo de cariño, ¿sabe? Pero claro…
El doctor soltó un "sí" enfático previo a un silencio que pareció incomodar al paciente. Advirtiéndolo, el doctor se apresuró en decir lo primero que se le pasó por la cabeza:
-Puede que no sea el gato en sí. Puede que sea una enfermedad que tiene el gato. A mi me mordió en una ocasión un perro que debía estar enfermo y tuve fiebres similares a las que describe. Aunque lo recuerdo con dificultad.
-Quizás lleve el gato al veterinario. Para ver si tiene algo extraño. Creo que será lo mejor.
-De momento debemos dejar todas las posibilidades abiertas. Pero sí, puede que el problema sea el gato.

2 comments:

Francel said...

El ojo, o el gato, estaban en la tumba

manuel allue said...

Lo que más me gusta es el rombo púrpura. Miento, me gusta todo. Pero la culpa de las fiebres no la tiene el gato, de eso estoy seguro. Además, ¿estás seguro tú de que el hombre de azul tenía un gato?